Hace tres meses os mostré lo que parecía un milagro: una castaña germinada injertada sobre una encina. Hoy quiero compartir con vosotros otro pequeño milagro: un injerto de una estaquita de castaño sobre la misma encina. Ya que en el otro artículo varias personas me preguntaron el motivo por el que realizo este injerto interespecífico entre Castanea sativa y Quercus ilex, lo voy a explicar ahora. El castaño no soporta la tierra calcárea y arcillosa ni los largos meses de sequía de Mallorca. Durante más de 30 años he sembrado numerosos castaños y todos han muerto fulminados con las raíces literalmente quemadas por la cal de la tierra mallorquina. Toda mi vida me ha hecho ilusión tener un gran castaño como los que vi en Galicia, en Extremadura y en las faldas del Pico del Teide de Tenerife, pero todavía no lo he conseguido, bueno, miento, ahora sí parece que se está haciendo realidad mi sueño.

El pasado día 9 de marzo asistí como uno más a un taller sobre injertos en el Parque Natural de Mondragó. El encargado del evento fue un injertador profesional de mi misma edad que me impresionó gratamente por su maestría y sus muchos conocimientos. Algunos de los métodos que explicó ya los conocía, otros eran nuevos para mí, como el que al día siguiente quise probar en mi jardín sobre la misma encina sobre la que había conseguido que agarrase una castaña germinada. El método podría llamarse Injerto de Corona con lengüeta. Como veis en la imagen se trata de cortar una rama o el tallo de una encina joven con la corteza todavía tierna y maleable como si quisiéramos practicar un injerto clásico de corona.  Tras eliminar pues todo el ramaje, con un cuchillo de injertar bien afilado se realizan dos cortes paralelos hasta llegar al cambium subcortical tierno, blanco y jugoso, que es la única parte del árbol que crece, hacia fuera dando lugar al floema o corteza y hacia dentro al xilema o madera. La anchura de la lengüeta debe ser exactamente igual al diámetro de la púa o estaca. Dejamos la lengüeta sin despegar y procedemos a preparar la púa o estaca.

Como no tenía ningún castaño adulto, sólo pequeños arbolitos de un año en macetas, aproveché los extremos de los más vigorosos para usarlos como púas.

 El primer paso es rebajar en bisel un lado de la púa.

Detalle del corte en bisel anterior.

 En el otro lado de la púa se realiza un corte más pequeño como si fuera la boquilla de una flauta.

 Sin perder tiempo, para evitar que la herida de la púa se seque u oxide, se despega la lengüeta del patrón y se introduce la estaca o púa por el lado biselado más largo, de manera que contacte íntimamente con el cambium del patrón. El pequeño corte en flauta queda en contacto con la cara interna de la corteza de la lengüeta, aumentando así la superficie de contacto y las probabilidades de tener éxito. Cuando las células del cambium de la encina empiezan a multiplicarse para curar la herida se encuentran con las células de la púa del castaño que también intentan hacer lo mismo y al estar fuertemente atados y en íntimo contacto, las células de ambas especies se entremezclan en su crecimiento cicatrizante y se produce la unión.

Como os decía al principio el injertador profesional sabía trucos muy interesantes. Uno de ellos consistía en rodear el injerto con una cinta de plástico antes de proceder a la atadura. Yo quise hacer la prueba y utilicé plástico en la mitad de los diez injertos que realicé sobre las ramas de la joven encina y en los otros cinco me limité a atar el injerto con rafia verde.

Tras la atadura en ambos casos embadurné el corte del patrón con mastic de injertar y el extremo de la púa en los casos en que la había recortado para que no fuera tan larga. Seguramente os estais preguntando cuál de los dos métodos tuvo más éxito. Pues la verdad es que de los diez injertos sólo agarró uno y fue precisamente uno de los cinco en que no había utilizado cinta de plástico, sólo la atadura simple con rafia.

 Y aquí teneis el resultado. Esta fotografía la tomé hace unos 15 días. Como veis, tras desatar la atadura de rafia para que no estrangulase la púa en su crecimiento en grosor, le até un pequeño tutor para evitar que un golpe de viento arrancase el injerto de cuajo.

En estos últimos 15 días el brote de la estaca ha crecido mucho y se ha ramificado echando un pequeño brote lateral. En el video que viene a continuación, que he grabado esta tarde a puesta de sol, se ve la encina con el injerto de castaña germinada en la rama de la izquierda y el injerto de Corona con lengüeta en la rama de la derecha. Eliminé las demás ramas donde habían fracasado los injertos. El tronco y las dos ramas de la encina están rodeadas por tiras de saco de maiz con dos finalidades: por un lado evita que el sol queme la corteza del tronco y las ramas al no tener todavía la protección natural de las hojas de la copa y por otro lado evita que la encina eche cientos de brotes propios, obligándola a destinar toda la savia a los dos injertos de castaño. Podreis observar también que el injerto de castaña germinada de la izquierda tiene la mayoría de hojas con la punta seca. Se debe a que la unión con la encina es tan pequeña, tal vez de sólo uno o dos milímetros, que la savia que le llega al injerto no es suficiente para alimentar todas las hojas. Confío que con el paso del tiempo la unión se vaya agrandando y el crecimiento del injerto se haga cada vez más vigoroso. También podreis observar que hay varios brotes de encina en el extremo de cada rama. No los quito para que hagan de tira-savias, es decir, para que atraigan agua y nutrientes hacia los extremos de las ramas donde están los injertos. Cuando éstos sean bien vigorosos, arrancaré los brotes y la encina se habrá convertido en un castaño. El video, al igual que las fotos, echa mucho que desear, pero creo que se ve lo suficientemente bien para entender el proceso.

Si todo va bien en enero o febrero del año que viene iré a algún castañar maduro de la Península a buscar estacas adultas de castaño de buena calidad para injertar con ellas los dos injertos de este año. Si no lo hiciera así, al proceder ambos de castaños de uno o dos años, tardarían de 20 a 30 años en dar las primeras castañas. Como nos ocurre a nosotros los humanos, los castaños también tienen una niñez, una adolescencia, una juventud, una adultez y una senectud. Deberé pues injertar los dos injertos-bebé de este año con yemas o púas adultas para obtener castañas antes de volverme demasiado viejo para verlo.

 ¡Deseadme suerte con mis experimentos, amigos!.

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Edito la entrada 18 días después. Mirad qué vigor y qué hojas más grandes..

La brotación del injerto ya mide más de medio metro. Mi amigo Rafael ha venido a verlo esta tarde. Él mide unos 170 cms. Comparad su talla con el injerto y os hareis una idea.